La Ley del Deporte

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¿QUIEN ES EL TRIATLETA SEBASTIEN BELLIN? POR «LA LEY DEL DEPORTE»

Sebastien Bellín nació en São Paulo, pero la carrera de su padre lo llevó a vivir en las ciudades norteamericanas de Indianápolis y Filadelfia, y luego en Dinamarca, Italia y finalmente Bélgica.

Su madre era fisioterapeuta, muy hippie, muy liberal, un espíritu libre, mientras que su padre, un alto ejecutivo, era más conservador y con mentalidad empresarial.

Tuvo una infancia nómada. Y siempre trataba de sacar los beneficios de estas culturas diversas y diferentes. El acceso directo a esas culturas siempre era el mismo: el deporte.

Inicialmente, fueron el fútbol y el tenis. Durante su tiempo en Italia, se dedicó al fútbol por completo y le gustaba mucho. Y, cuando llego a Bélgica con 13 años, sus amigos de la escuela lo convencieron para que probara el básquetbol. Esto lo condujo a la vida universitaria en Estados Unidos y a una carrera profesional en Europa.

El 22 de marzo de 2016, Bellin se sentó en el aeropuerto de Bruselas para tomar un avión, y abruptamente término de espaldas en el suelo con la mitad de su cuerpo destrozado. Dos maletas, una en cada extremo del área de facturación del aeropuerto de Bruselas, habían estallado, impactando a la multitud. Murieron 16 personas en el atentado terrorista del autodenominado Estado Islámico, y Bellin pudo haber sido el número 17.

“Recuerdo que me caí y mi cadera explotó. Miré hacia abajo y vi una masa de huesos que sobresalían. Veía gente muerta, partes de cuerpos, gritos”.

Bellin jugó profesionalmente al baloncesto por 15 años en equipos de Bélgica, Países Bajos, Italia y la República Checa

“El deporte es la mayor academia del mundo. Todo lo que necesitas saber en la vida está ahí. Te muestra que hay muchas maneras diferentes de responder. No hay solo una forma correcta, siempre hay una alternativa”.

«El deporte me mostró el camino una vez más. Recordé las palabras de un viejo entrenador; Greg Kampe, de la Universidad de Oakland, que decía: «simplemente gana el día».

“Cuando me vi en ese momento, lo observé tal vez un poco diferente que los demás: se trata del ahora, del momento. Sabía que en la próxima hora y media me jugaba el campeonato. Esto es todo. Tienes que vencer en el momento. Solo tienes que ganar el día”.

«Me dijeron los policías que me quede quieto, que esa era la escena de un crimen, pero yo sabía que si no activaba moriría. Le pedí a alguien que me subiera las piernas a una maleta para disminuir el flujo y usé una bufanda como torniquete improvisado, pero la pérdida de sangre fue demasiado rápida».

Una foto que dio la vuelta al mundo: Bellin, herido en el suelo tras la explosión

«Fui insistente. Le dije a la policía que me arriesgaría, que de lo contrario mi muerte quedaría en mi conciencia, y convencí a un mozo que pasaba para que me subiera a un carrito de equipaje y me empujara hasta la entrada del aeropuerto».

Su estrategia era estar donde llegara primero la ayuda médica, y le funcionó. Seis bomberos que corrían hacia el lugar lo encontraron y lo llevaron a un centro de primeros auxilios improvisado. Bellin había perdido el 50% de su sangre. Casi le amputan la pierna izquierda. Pero «ganó el día».

Bellin se convirtió en una especie de celebridad en su cama de hospital. La foto del aeropuerto, tomada por un periodista georgiano, se volvió viral. Apareció en pantallas y diarios de todo el mundo. Dio entrevistas. Cuarenta y un días después del ataque, sus hijas pequeñas viajaron desde la casa familiar en Estados Unidos para un emotivo reencuentro, transmitido por la televisión estadounidense.

Pero la mayoría de las horas fueron duras, dolorosas y solitarias. Bellin pasó tres meses en el hospital. Al principio permanecía todo el tiempo en la cama, con la pierna unida por una combinación de clavos y férulas de metal. Tenía metralla salpicada a lo largo de su cadera e injertos de piel para cubrir las heridas abiertas.

Poco a poco aprendió a caminar de nuevo, ajustándose a sus discapacidades y a una nueva realidad. No tenía sensibilidad por debajo de la rodilla en la pierna izquierda. Habían extirpado el hueso metatarsiano del pie cuando comenzó a desarrollarse una infección.

“Soy una persona que ama el movimiento y me encontré inmóvil con la noticia de que quedaría discapacitado por el resto de mi vida, fue terrible. Solo necesitaba una quimera para mantenerme enfocado y positivo. Quería el extremo opuesto a la situación en la que me encontraba. Para un atleta explosivo como un basquetbolista, eso era disputar una de las carreras de resistencia más duras del mundo”.

Bellin se decidió por un triatlón Iron Man, en específico la legendaria carrera de Kona, Hawái, en la que la historia pesa tanto como la distancia y la humedad. Incluso antes del suceso, habría sido una tarea difícil. Bellin mide 2, 05 cm. En su apogeo del básquetbol, pesaba casi 115 kg. Y su entrenamiento consistía en saltos cortos y explosivos. Todo lo contrario a esto que se avecinaba.

Bellin se recuperó lentamente y entrenó de forma inteligente. Aumentó suavemente la distancia y adaptó cuidadosamente su equipamiento. Pidió que le hicieran un zapato especial para ayudar a prevenir las ampollas que se le abrían en su entumecido pie izquierdo.

También sufrió reveses. El covid-19 retrasó un intento en Kona. Luego, cuando los confinamientos acabaron y se volvió a convocar el evento, todavía estaba aprendiendo a confiar en sus piernas de nuevo tras la cirugía para quitar los soportes de metal clavados a los huesos

Pero en octubre de 2022, seis años y medio después de la explosión, Bellin demostró que tenía más valor que nunca, cruzando la línea de meta en Hawái en 14 horas, 39 minutos y 38 segundos:

“Nunca se trató de lo rápido que fuera; el objetivo era demostrarme a mí mismo que mi cuerpo y mi mente son capaces pese a esta desventaja. No quiero que mi mente acepte el estado de ser una víctima. Soy un sobreviviente. No sucumbiré a esto. Tengo atrofia, no puedo mover los dedos de los pies, pero si permitís que tu discapacidad sea más fuerte, tu condición disminuirá lentamente”.

«La clave fue la calidad de mi vida. El amor y la pasión en ella. Era igual que en los deportes. Nunca me enfoqué en las estadísticas. No tenía habilidad para saltar, ni buenos números, ni nada por el estilo, pero tenía pasión y disciplina, esos atributos que no se pueden medir».

“Nos hemos reconstruido y adaptado a lo que nos dio la vida. Seré discapacitado por el resto de mi vida, pero, al mismo tiempo, hay muchas cosas buenas que han salido de estos últimos siete años: siento que soy un mejor amigo, un mejor esposo, un mejor padre, una mejor persona. Y que soy una persona más mucho más fuerte”.

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