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LA PRIMER PELEA DEL BOXEO PROFESIONAL ARGENTINO POR OSVALDO PRINCIPI

Julio Ernesto Vila, una leyenda del periodismo dedicada al boxeo.

Los grandes hallazgos informativos que modificaron rotundamente la historia de los deportes se llevaron adelante a partir de sospechas, mucha pesquisa de datos, y el seguimiento de pistas precisas. Tal como si fuese un apasionante caso policial de final increíble. Así viró una tradición “oficial” que parecía inamovible y «sellada a fuego» en el pugilismo nacional: ¿cuándo y dónde se efectuó la primera pelea profesional en nuestro país?

Y el proceso de tal logro amerita ser narrado. Fue, metafóricamente, algo semejante a imaginar sobre la existencia de un navegante desconocido llegando a las Américas, mucho antes que Cristóbal Colón en 1492. El imponente y centenario archivo del diario LA NACIÓN fue la base de operaciones. ¿Qué periodista no estuvo allí juntando historias del pasado?

El inolvidable crítico boxístico Julio Ernesto Vila, el más importante en lengua hispana, trazó una estrategia para llegar a la meta y el gran Rafael Saralegui, un hombre fuerte en cualquier sección del periódico y poseedor de la mayor biblioteca deportiva del país en su casona de Adrogué, pergeñó su ingreso a la vieja redacción de la calle Bouchard.

Y tras varios días, de doblar con mucho cuidado las páginas percudidas de los periódicos, de más de un siglo de antigüedad, se llegó a lo esperado: ¡Descubrir un match primario inédito en el desarrollo del boxeo argentino!

Quedaba desechado y caduco aquel “manuscrito” que sentenciaba la victoria del irlandés Patrick “Paddy” McCarthy sobre el italiano Abelardo Robassio, el 9 de octubre de 1903, por nocaut en el quinto round, en la sede de la revista El Gladiador, como el bautismo profesional del boxeo argentino.

A partir de esa gran novedad noticiosa, quedó determinado que el cotejo en el cual el inglés Tom Ball venció a su compatriota George Davies, el 12 de julio de 1892, en el salón La France, de la Capital Federal, se convirtiera en el punto de partida. En el primer capítulo de pugilismo rentado en nuestro país. Al respecto, la crónica de este combate publicada en LA NACIÓN, inmersa entre noticias sociales y policiales, destacaba, con redacción de época, lo siguiente: 

PUGILATO

«Tenemos ya instalado y en pleno y popular funcionamiento, un nuevo Sport basado en el noble arte de molerse los huesos a puñetazos. En la noche del 12 del corriente tuvo lugar en el Salón La France una riña del género, a guante, como se dice en la profesión, entre los Sres. Tom Ball y George Davies, por 800 pesos, saliendo de ellos, vencedor el primero de dichos «trompeadores”.

La crónica del triunfo del inglés Tom Ball sobre su compatriota George Davies, el 12 de julio de 1892, reflejada en las páginas de La Nación.
La crónica del triunfo del inglés Tom Ball sobre su compatriota George Davies, el 12 de julio de 1892, reflejada en las páginas de La Nación.

“Jack Ashton, de San Francisco de California, desafía al Sr. Tom Ball, de Londres, a pelear con él dentro de tres semanas a contar de la fecha, un Marquis (nombre técnico del lance) completo, según las reglas de Queensberry, guantes de cuatro onzas, una bolsa de mil pesos; apostando quinientos pesos más a que pone a Ball fuera de combate antes de la conclusión del décimo encuentro (round). Inmediatamente de recibir este cartel, Mister Ball aceptó ambas condiciones, suscribiéndose las bases del contrato pugilístico. Vivísimo interés ha despertado este desafío entre sus numerosos aficionados que el género tiene entre nosotros y llueven las apuestas a quién dará o recibirá más puñadas y quién las resistirá más o menos sólidamente. Pero es a guante y no correrá sangre, a no ser tal vez, de las narices; si no se cubren, como es debido”.

Vila culminó esa “exploración” el 18 de junio de 1995. Cumplía ese día 57 años. Se abrazó con Saralegui, que actuó como jurado de la última pelea de José María Gatica en 1956, en el Lomas Park, y nunca más se vieron. Habían cumplido con su cometido.

Osvaldo Principi para La Nación

Hoy el homenaje a Julio Ernesto Vila y su información, conocimiento, seriedad, credibilidad, memoria, estadística, y la crítica independiente. Vila se fue, y no sé si la familia del boxeo, los aficionados o los fanáticos lo extrañan mucho. Yo sí. Su espacio no lo ocupo ni ya lo ocupará nadie. Con su ida dejo un vacío que siento y mucho. Qué extraño y mucho.

Me estoy poniendo grande y mis referentes están medio que en retirada. Llegaron los de mi camada, y otros mucho más chicos aún. Pero me quedo con «los de antes», o con el boxeo de antes, o, debería decir, con lo apasionado que yo era antes. Hoy, casi que no tengo a quien mirar como a un ídolo seguir, y querer ser un día como él. Como me paso toda mi vida. Como, por ejemplo, con Julio Ernesto Vila…

FEDERICO MULLER PARA «LA LEY DEL DEPORTE»

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