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EL CASTILLO DE SAN CARLOS

En uno de los puntos más altos de la ciudad de Concordia, se encuentran las ruinas del Castillo San Carlos, una de las mansiones más grandes y misteriosas de la región. Con una vista paradisiaca al río Uruguay y rodeado de hermosas colinas y selva en galería. 

Esta enorme vivienda se construyó en 1888 y, durante sus 135 años de historia, se identificó como la residencia de múltiples familias adineradas. Y, luego de ser el escenario de sucesos inéditos como, por ejemplo, la visita del escritor de “El Principito” en 1929, se incendió de forma sorpresiva en 1938 y permaneció abandonado durante 75 años. 

Castillo San Carlos, en una vista aérea realizada en 1929.

La historia del Castillo San Carlos comenzó con la llegada de la familia Demachy en 1886, integrada por exitosos banqueros oriundos de Francia. Según los registros históricos, los Demachy desembarcaron en Argentina para hacer negocios dentro de la actividad saladeril y también inaugurar nuevas industrias en la zona. 

Y, gracias a la información trascendida, el Castillo San Carlos se construyó para que el hijo mayor de la familia, Charles Édouard Demachy, lo utilice como residencia oficial y desde allí supervise los trabajos mencionados. 

De todas formas, aunque la mansión cumplió con las expectativas de la familia francesa, que mantuvo un rol muy activo en cada evento social organizado en Concordia, un domingo de octubre de 1891 tomaron la repentina decisión de mudarse y nunca más regresaron. 

Es decir, luego de pasar tres años en la mansión, los Demachy abandonaron la propiedad sin dar explicaciones y nadie tuvo nueva información sobre su paradero. Pero, de todas formas, algunas hipótesis sostienen que regresaron a su país, Francia. 

Frente del Castillo San Carlos.

Fiel a sus costumbres, los dueños originales mantuvieron un perfil muy exigente al momento de diagramar este palacio desde Francia. Por lo tanto, durante la construcción, los arquitectos tuvieron que cumplir con el estilo Luis XV, muy frecuente en castillos europeos, emplazar la mansión en lo más alto de la colina, para que sus propietarios puedan obtener las mejores vistas a la ciudad y al Río Uruguay, construir la cocina a 260 metros del edificio principal, con el objetivo de que los propietarios y huéspedes no sientan los olores producidos durante la cocción de los platos, y diseñar 27 habitaciones. 

Y, como si esto fuera poco, los Demachy solicitaron que el Castillo San Carlos sea diseñado, casi en su totalidad, con objetos europeos. Es decir, en su momento de mayor esplendor, esta mansión tenía piezas de hierro forjadas en Inglaterra, madera de Alemania, mármol de Italia, y arañas de cristal y terciopelos de Francia. 

Por lo tanto, gracias a la investigación de los historiadores, se pudo comprobar que el único aporte argentino que tuvo lugar en la construcción del castillo es la piedra lavada, extraída de las costas del Río Uruguay, que se utilizó para revestir la fachada exterior. Esas que se veían en Salto Grande, y hoy se pueden ver en Salto Chico, entre otros lugares. 

Luego de los Demachy, la mansión fue habitada por Roberto Lix Klett y su familia.  Sin embargo, la propiedad cambió de dueño al poco tiempo (por tercera vez en su historia) y quedó en manos de la familia Fuchs Valon que, de forma inédita, presenció un encuentro con Antoine de Saint-Exupery: el aviador que escribió “El Principito”. 

Sucede que durante una jornada de 1929, Saint-Exupéry se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en la costa del Río Uruguay y, casualmente, se detuvo frente al Castillo San Carlos. Entonces, la historia cuenta que el piloto se encontró con Suzanne y Edda Fuchs Valon (hijas del matrimonio que compró la mansión), que luego se convertiría en su fuente de inspiración para escribir “El Principito”, identificado como el quinto libro más vendido de la historia. 

Es por eso que, luego de que Concordia inauguró la reserva natural en el predio del Castillo San Carlos, la artista paranaense Amanda Mayor se encargó de diseñar e instalar una estatua de “El Principito” en el lugar, a mediados de 1997. 

Una de las paredes del Castillo San Carlos.

Una vez que la familia Fuchs Valon se retiró de la mansión, la Sociedad Rural de Concordia adquirió las instalaciones. Finalmente, en su última etapa residencial, el castillo fue alquilado por numerosas familias adineradas como, por ejemplo, los Marcone Cheirasco. 

Y, aunque el Castillo de San Carlos podría haber permanecido como una vivienda de lujo durante muchos años más, un fuerte incendio, que se originó por causas desconocidas, lo destruyó casi por completo en 1938. Acto seguido, la mansión permaneció 75 años abandonada, hasta que en 2013 fue sometida a intensos trabajos de restauración que permitieron, al poco tiempo, inaugurar un museo en el lugar. Que está bárbaro. 

Entonces, quienes visiten Concordia no solo podrán recorrer las inmediaciones del Castillo San Carlos y aprender todos los detalles de su historia, sino que también tendrán la oportunidad de explorar los siguientes espacios, que pertenecen a la reserva natural de 80 hectáreas que lo rodea: 

  • El Jardín Botánico – Un predio de ocho hectáreas, que incluye el sector del castillo. 
  • Miradores naturales con vistas al Río Uruguay. 
  • Cuatro parques infantiles. 
  • El Monumento al Éxodo.
  • Selvas, colinas, senderos, playas, y tremenda flora y fauna como para pasar un día hermoso y llenarse de vitamina N, la vitamina natural. 
  • O caminar, correr, pedalear, o pescar. Acá vas a obtener una gran dosis de bienestar. 
  • O solo estar, charlar, contemplar y conectar. 

CONTINENTAL CONCORDIA 94.9

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