La Ley del Deporte

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¿QUIÉN ES EL RUGBIER JAMIL HOPOATE? POR FEDERICO MULLER

Jamil Hopoate es hijo del exjugador de Tonga y ex boxeador nacionalizado australiano John Hopoate. Su viejo estuvo involucrado en controversias deportivas y posteriormente condenado por delitos violentos. Es nombrado como el jugador más expulsado de la era moderna. John Hopoate fue además campeón australiano de boxeo en peso pesado desde el 2008 hasta el 2009. Un personaje muy popular y taquillero de la polinesia. 

Y su hijo Jamil nació en Australia y era una persona alegre, feliz, y una gran promesa del rugby, cuando arranco a beber fuerte a los quince. Luego experimento con drogas y juegos de azar. Juega al rugby, como toda su familia, y se destaca, la rompe y es figura en las inferiores. Como era joven y fuerte, más o menos, podía disimular y jugar. Pero más temprano que tarde la ficha empezó a saltar. Y termino dejando sin gloria pero con pena.

Hasta que fue desvinculado de su club a los 17, cuando llego al entrenamiento totalmente borracho. Seguía intentando, pero «mordía el pasto» de tanto en tanto. Estuvo preso por un año cuando tenía diecinueve y ni siquiera se acuerda de la pelea porque estaba ciego e inconsciente de la «bebedera» que se agarró. Más tarde, cuando salió, volvió a chupar y a salir. Hasta ahí… «pasa hasta en las mejores familias». Se rescataba pero descarrilaba. Y no le podía dar continuidad a nada. 

A pesar de eso, Hopoate hizo su debut en la ronda 1 de la temporada 2020 de la NRL para los Brisbane Broncos. Jugó solamente 12 juegos y terminó último en la tabla, por primera vez en la historia de ese club.  Estuvo cerca de ir a la cárcel por varios delitos de violencia doméstica contra su esposa, de los que se declaró culpable y por los que fue castigado a 12 meses de servicio a la comunidad, una pena que incumplió, por lo que ingresó nuevamente en prisión durante tres meses. Y de su club lo dieron de baja. Ya no lo podían sostener más. 

En mayo de 2021, tras subirse a un camión con cerca de increíbles 514 kilos de cocaína, valorados en nada menos que 100 millones de euros, fue detenido. Cuando chequearon el cargamento… ¡Marche preso! En su declaración ante el tribunal, Hopoate confesó: «Tomo hasta que me caigo de cabeza, el alcohol es un demonio para mí, me ciega, puedo estar tranquilo y de repente al 100 por ciento, pierdo la cabeza, no sé lo que hago, y busco problemas y peleas. Soy capaz de hacer cosas muy feas».

«Tomo cocaína y peor, ya soy una porquería. Consumo de a kilos y empiezo a jugar y a gastarme cientos de miles de dólares hasta quedar en cero, no me importa nada, no siento nada, y luego pido plata prestada o gasto dinero que no puedo ni devolver».

«Llevaba ese momento toda esa droga porque la oferta que me hicieron era “como un cuento de hadas” y el dinero que sacaría me permitiría pagar las deudas que tenía con familiares y amigos, además de seguir jugando hasta normalizar mi situación económica». 

Sin embargo, el juez Sharron Norton, destacó que la investigación reveló que la recompensa para Hopoate por ese envío únicamente sería de 10.000 dólares, y que no habría recibido ningún dinero de la potencial venta de esa descomunal cantidad de cocaína… Hacía cualquier cosa para financiar su vicio.  Quien esto escribe escucho las historias más aterradoras sobre adictos de aquellos que lo son al juego y al casino. 

Hoy, la vida le ha dado un giro de 180 grados al exjugador de rugby league Jamil Hopoate después de que haya sido condenado a tres años y nueve meses de prisión, de los que deberá cumplir dos años y tres meses encerrado en la cárcel, el resto de la pena estará bajo libertad condicional, por su implicación en esta trama de importación de drogas a gran escala.

Llegará un día en que dejara de estar preso entre cuatro paredes, para seguir estando preso de sus pensamientos enfermos y esclavo de sus impulsos. Para curarse necesitará de un tratamiento, ni más ni menos que como todo enfermo. El es otro de los tantos deportistas «campeones del futuro», ya famosos sin haber ganado nada, que jugaron y rifaron su vida por «chispazos de dopamina». Y hoy duermen en la cárcel, con soledad, con frío, y mucha desolación… Debido su adicción al juego, a las drogas, y al alcohol.

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