La Ley del Deporte

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PERIODISTA DE BOXEO OSVALDO PRINCIPI EN «LA LEY DEL DEPORTE»

El entrevistado de hoy es un relator de boxeo argentino. La nota la hicimos hace años para «La Ley del Boxeo» en Radio Activa, pero jamás la transcribí. Era una deuda que hoy cumplí. La gente me llamaba de la química que hubo esa noche y de lo bien llevada que estuvo. Era como hablar con mi ídolo, si siempre fui un fanático de él.

Cuando yo era adolescente y joven, miraba las trasmisiones de Boxeo de Primera por TYC Sports, relatadas por él y comentadas por Julio Ernesto Vila. Es el dueño de la voz que me hizo estremecer y apasionar. Y trasladar a aquellas legendarias guerras. Yo lo imitaba hasta el hartazgo. Siempre lo admiré y quise ser como él. ¡Como gustaba de sus relatos! Ese clásico del boxeo era la «entrada en calor» de un fin de semana a «puro rock and roll».

Relata boxeo desde 1972, y trabajó en combates de Monzón, Locche, Galindez, Leonard, Duran, Hagler, Tyson, Hearns, Mayweather, y Hamed. Además, relató a las principales figuras del boxeo nacional desde 1980 hasta hoy. Y a los grandes valores de Concordia. Sus narraciones pusieron «la piel de gallina» al ring side y a la popular.

Periodista con más de medio siglo de trayectoria y una referencia a la hora de hablar de boxeo, recuerda sus comienzos, las tardes de entrenamiento en el Luna Park, y hoy se divierte con su rol de influencer. Es cómico y dramático. Emociona con encanto. Respaldado de una extensa carrera, que lo ha llevado a relatar las más impresionantes contiendas, transmitiendo la acción y la emoción. Su vigencia trasciende y continúa en el tiempo. Es un referente inolvidable, con una personalidad ocurrente, pura, y única. Bienvenido Osvaldo Roberto Principi a «La Ley del Deporte»:

«Hola, ¿qué tal Federico, cómo estás? Con Concordia siempre tuve un vínculo cercano, Esteban Osuna («Tiriti») fue entrenador mío de boxeo en el Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, tengo un hermoso recuerdo de él. Relate un par de veces a Juan Carlos Bogado, a Alfredo y Diego Jaurena, Miguel Ángel Alvarado, que le puso la cara a todos, y otros que trascendieron la fronera. De Concordia salimos agachados con Vila la noche que volaban sillas en la pelea de Ismael Chávez con Jorge Melián, que vivía allá y era como un local, por el argentino superliviano. Y me gustó mucho tu nota sobre la historia del boxeo de tu ciudad, hecha al tío de su intendente actual».

«Yo soy de Mercedes, provincia de Buenos Aires. A menos de cien kilómetros de la Capital. En mi casa consumían futbol y automovilismo, entonces encontré mi libertad en el boxeo. Al boxeo lo conocí en «carne propia» cuando a los quince años decidí ponerme los guantes. Era un boxeador que sentía muchos nervios y que quería que todo terminara lo antes posible. Esa es la visión que tiene el sobreviviente sobre el ring. Ese sobrevivir sobre el ring me dio la virtud de saber leer la situación de ese boxeador».

«Desde joven ya corría por mis venas la pasión por el deporte de los guantes y el relato. Realizaba una columna deportiva en mi programa “Rincón Neutral”, trasmitido por la radio de la localidad de Mercedes, mi pueblo. Y empecé a relatar en el 72, relaté mi primera pelea en Mercedes, en la Radiodifusora Oral, Música y Hogar, y lo primero que hice fue un festival de boxeo amateur».

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«Cuando tuve mi primera entrevista en Buenos Aires llamó mucho más la atención, mis trabajos escritos, mi recolección de fichas sobre boxeadores, que cuando puse el grabador para que escuchen cómo relataba, ya que me dijeron: «Bueno, bueno, eso después lo vamos a ver», pero yo sabía que podía dar batalla, no que era un fenómeno, pero que podía andar bien».

«El Luna Park me dio el «toque de horno final» en los tiempos más difíciles que tiene un joven. Estuve ahí desde mis 16 hasta mis 56. No solamente me dio el saber boxístico, sino también el respeto por la veracidad informativa, y un código ético».

«El mejor momento de mi carrera fue cuando me llegó la primera oportunidad. Cuando realicé mi segundo traspaso radial al contactarme con Ricardo Arias y su equipo de «Entre las sogas», por Radio Splendid. Ricardo era un referente del periodismo de boxeo, muy exigente, y uno tuvo la fortuna de tener semejante espejo.».

«No creo que para ser boxeador haya que ser pobre, tener hambre o antecedentes penales. El boxeador ha venido de la pobreza digna del trabajador. Y hoy la pobreza digna del trabajador casi que no existe. Hoy el joven no se mete tanto en el boxeo, porque no está tan ligado al sacrificio como sí lo estaba el joven del siglo 20. El joven del siglo 20 se «rompía» para salir de la pobreza».

«Yo me enamoré de la figura de Carlos Monzón, no había terminado la secundaria que ya tuve la suerte de hacerle una nota. Trabajé en su época de campeón como un simple cronista y me trató muy bien. Y en su tiempo de retiro y en su tiempo de desgracia, las vueltas de la vida también me acercaron a él. Me pregunto qué puede pasar con uno cuando, que cree que maneja su raciocinio en cualquier circunstancia límite, falla. Creo que a Monzón le pasó eso. El día que le falló, murió su mujer y, en vida, ese día también empezó a morir él”.

«El boxeo es la oferta de la vida misma, de la superación de las personas a través de una vocación, y tal vez es el único que no ofrece límite social ni discriminatorio, es el más abierto de todos, porque el boxeo le abre la puerta a todos. El boxeo es algo más que un deporte. Es un gran espectáculo regido por leyes deportivas, y es un tema que requiere de capacidad para opinar. Hay que formarse y mucho para poder hacer un trabajo de calidad».

«El boxeo además es una actividad laboral tentadora, llamativa y que causa sorpresa día a día. El boxeo profesional, el que se consume la gran masa, el del gran espectáculo, te abre muchísimas oportunidades. Y para un chico de barrio todo eso es muy tentador».

«Sigo con Turner, TNT Sports, con Artistas del knockout, y mi programa de entrevistas internacionales, entrevistando a los campeones del mundo más famosos del momento». También sigo con el programa Palo y afuera, con La Nación, en la radio 2 por 4, con El tango libro boxing club, además estoy en DeporTV, con El retrovisor, y de FreeLancer para relatar boxeo como lo hago».

«Lo del Instagram fue una creatividad de mi hija. Ella me convierte muchas veces en un acto de circo y variedades, a mí no me sale por naturaleza, pero lo hago por su gusto y por el resultado con los seguidores, a quienes les agradezco de corazón, aunque soy muy malo porque generalmente no me sale responder por una cuestión de tiempo y paciencia».

«Pero paradójicamente los mayores sucesos se generan haciendo lo que menos me gusta, y lo hago un poco también en tributo a mi hija, porque es su producción, y es el mejor aliciente que un padre le puede dar a la hija: obedecer a su pedido».

«Si tuviera que volver a algún momento de la historia del boxeo que viví, no iría a un combate de los que afortunadamente me tocó relatar, desde Las Vegas, New York, o en alguna noche llena de Luna Park. Iría a un momento que para mí era mágico: los entrenamientos en el gimnasio del Luna Park, desde las 12.30 a las 17.30, cuando aparecían las noticias y yo viajaba desde Mercedes con mi grabador para la radio Oral Música Hogar y se corrían los rumores, «che, Monzón va con «Mantequilla» Nápoles’, «Galíndez está a un paso de firmar la pelea con Rossman», y hacía el reportaje, «Vuelve Nicolino…». Había un vértigo… Te rodeaban veinte figuras, y todos habían sido tapa de «El Gráfico».

«Viajaría en el tiempo a una tarde de gimnasio de Luna Park, a full, con Monzón, Galíndez, Nicolino, Saldaño, Castellini, Cachazú y La Cruz, entrenando en el mismo momento. Con el repiqueteo del puching y la música de las bolsas de fondo. La premisa era buscar el contacto, escuchar luego en el bar, desde la otra punta de la barra, a todos los periodistas consagrados, y después hablábamos todos los de la promoción de novatos, que luego tuvimos la chance de ocupar un lugar de privilegio».

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«Yo voy a seguir con la misma política con la que vengo desde hace cincuenta años: tratar de seguir con todo y de colocar a mi alrededor al núcleo pequeño que puedo proteger, ampliarlo un poco y trabajar sobre ellos. Creo que si cada uno protegiera a su núcleo pequeño, esto avanzaría mucho mejor».

«Con Julio Ernesto Vila hemos entrado y salido con guardias de policías en nuestras transmisiones, y nos han tirado de todo por los comentarios de Don Julio. Y yo me las ligaba por Vila. Pero, con el paso del tiempo, lo reconocieron como un gran periodista y consejero. Vila era fantástico. Con él vivías al límite, y tenía un humor que no tenía nada que ver con esa cara que ponía cuando salía al aire».

«Yo le escribí una carta, cuando tenía 14 años. Con él entré al Luna Park y, a los pocos días, a él lo declararon persona no grata. Esa relación me anticipaba lo que iba a ser mi carrera periodística. Me gustaría poder volver a tomar un café y hablar con Julio Ernesto Vila. Cuando murió, murió la parte de consulta de mi carrera. Vila me enseñó a ver el detalle, la imparcialidad, y el trabajo previo. Fue mi mentor, y mi mejor orientador. Hoy lo entiendo. Parecía ácido, pero tenía un gran sentido del humor».

«¿Con quién del pasado me gustaría volver a estar? Disfruté mucho a mis padres y a mi hermano, que ya no están, y cuando disfrutaste tanto de las personas, al pasado no hay que tocarlo, hay que dejarlo asi como está. Pero, si me apuras, elegiría a Vila, elegiría a Julio Ernesto, para una charla más”.

En el corazón siempre llevare guardada nuestra charla y el día que viniste a Concordia a relatar para Fox, me viste y te me viniste, entre muchos fanáticos tuyos que te querían saludar y una foto sacar. Eras la estrella de una noche llena de grandes nombres. Les prometiste atenderlos a todos cuando termine el festival y así lo hiciste.  Me pediste que me siente con vos, que me querías hacer unas preguntas sobre la historia del boxeo nuestro. Estabas impresionado por mi nota a «Batata» Cresto. Que uno de los más grandes de todos los tiempos me diga esto, y me siente para que le cuente y querer enriquecerse… Ese día todo mi sacrificio se hizo presente.

La entrevista con Osvaldo, fue «combustión espontánea», son las perlas de mi vida en el boxeo, de esas que atesoro en mi corazón y mi mente. Que me electrifican de vida el cuerpo, y hoy al evocarla se me llenan los ojos de lágrimas. Le quiero agradecer a la vida, y a quien me regalaba todos los libros y recortaba todas las notas de los diarios donde el escribía: a mi vieja: «Mami lo hice, lo logré, ya llegué, despues de tanto trabajo me re conocen y me lo gané. Llegamos hasta ahí… Y te prometo que no nos vamos a volver a ir». 

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