La Ley del Deporte

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PROFESOR Y TRIATLETA CARLOS REGNER EN «LA LEY DEL DEPORTE»

El profesor y triatleta que hoy nos cuenta su historia habla de sus orígenes familiares, del barrio, de la escuela, del karate, del fútbol y del triatlón. Tanto en su rol de deportista, como de padre y entrenador. Hoy está enfocado en acompañar a sus hijos, una bailarina, el otro karateca, y en todo lo que tiene que ver con la formación de los jóvenes y no tan jóvenes. Además de seguir haciendo, muy tranquilo, el triatlón.

Su pasión por el deporte lo acompaña con su amor por su profesión de profesor de educación física. Y desde esa mezcla sale su «receta para el éxito». «Carlitos» es de los más valorados y queridos, ya, del triatlón. Pocos recibimos la unánime estima. Siempre alguien no nos tiene «en la lista del asado», sin embargo el siempre es recomendado. Viene de abajo, con los viejos valores del barrio del pasado, y ya formó parte de importantes carreras de triatletas, y mantuvo vigente a «viejas carretas». El, como otros, nos ayuda a mantener una vida más plena y saludable.

Conocé, a través de esta entrevista, un poco más sobre este deportista y profesor, pero fundamentalmente un entrenador. Bienvenido «Carlitos» Regner, a «La Ley del Deporte»:

«Hola Lobito, como estás. Nosotros nos criamos en Quintana y Chile, barrio 9 de julio. Entre campitos, casas viejas y bajas. Era muy tranquilo. A la vuelta de la escuela Mariano Moreno, a cuatro cuadras de la plaza España, y del parque Ferré».

«Vivíamos toda mi familia en la casa de mis abuelos, con mi abuela, mis padres, mi hermano más chico, y mis otros dos tíos, hermanos de mi viejo, a uno lo conoces, anda en bicicleta, es «El Cabeza» Regner, y el otro se llama Ramón. Mi abuela fue como nuestra madre, nos crio a todos. Yo dormí con ella hasta que tenía doce o trece años, así que imaginate lo que era para mí».

«Ella era muy respetada, única. Era como mi mamá. Sentía un amor muy fuerte, la quería con «locura». Me daba todo el afecto y las mañas del mundo. Y es muy difícil olvidarse de una abuela así…».

«Mi papá Carlos siempre fue comerciante, del famoso e histórico «Almacén de Carlitos», ahí nomás en la esquina de Quintana y Chile. Que está en la parte de adelante de nuestra casa, y da a la calle. Debe tener como cincuenta años ya ese almacén. Ahí atrás nos criamos «Los Regners», todos juntos…».

«Mi mamá falleció producto de un cáncer hace unos años, ayudaba en los quehaceres de la casa, y a mi abuela, que tuvo muchos problemas, de la vista, con unos lunares que le obstruían la visión, y por eso se quedaba casi todo el día adentro».

«Luego mi papá compro el terreno de al lado, donde teníamos un playón deportivo, de tierra, pusimos aros de básquet, arcos de futbol con caños estructurales, y jugábamos a la pelota todo el día. Hasta que llegaba la noche y nos llamaban a cenar».

«Yo hacía la típica, llegaba de la escuela Mariano Moreno, que me quedaba a la vuelta de casa, ponía la pelota debajo de mis brazos y salía a jugar con los «gurises» o solo todo el «santo día». Alguno siempre caía. Cuando mi viejo me «castigaba» y me decía que no podía ir a jugar, «te quedás encerrado en casa», era lo peor que me podía pasar».

«Mi mundo estaba en esa zona. Ahí conozco a Soledad Cunha, mi mujer, que iba conmigo al la escuela, aunque al otro curso. Y obviamente que ya hablábamos, la veía en los recreos, a la entrada, los primeros bailes, nos volvíamos del colegio, a veces juntos, y todas esas cosas… (sonríe)».

«Vi programas y películas de karate y quise practicarlo. Le dije a mi mamá «mami que lindo poder hacer karate», y me llevo a entrenar. Hice toda mi vida. En calle Entre Ríos con «Canacho» Humeres, y también con Julio Chuquel en Humberto Primo y San Lorenzo. He sido campeón nacional, mucha gente no sabe de esa parte, quizás porque no es un deporte tan popular».

«Fui campeón argentino a los dieciocho años, clasifique al mundial de Japón y no pude ir porque no tenía los medios para pagar el viaje. Ahora mi hijo clasificó a Irlanda y pudimos ir. Con «Sole» hicimos hasta lo imposible, para que pueda viajar y vivir esa experiencia».

«Nunca deje, aún lo sigo haciendo y compitiendo. Pero entreno con mi hijo, quien está en estos momentos en el Sudamericano de Chile. Nos golpeamos un ratito, y luego ya está. El está en un nivel muy bueno, yo lo sigo y compito en mi categoría. Nos damos «masa» un ratito, y todos contentos, ja, ja, ja, como para no perder la costumbre. Y es lindo poder compartir todo esto con tu «gurí», es hermoso».

«Jugaba al futbol, en el barrio, mi viejo, a quien le gusta mucho, me lleva un día a la escuelita de Virgen Del Valle. Empece siendo entrenado por Julio Romero, luego por «Miguelito» Cáceres, además estuvo el popular «Chocolate» López, Menoni… Fue una muy buena camada. Salíamos siempre campeones nosotros o Comunicaciones, de la Liga, los Entrerrianos, fuimos a un Nacional en Mendoza y perdimos la final con Quilmes 1-0. Virgen del Valle marco fuerte esa época en divisiones inferiores».

«Jugaba al futbol y hacía karate al mismo tiempo. Ponele que juegue cuatro veces al futbol y tres hacía karate, más o menos, en la semana. Me iba acomodando. Debe ser por eso que me gusta el triatlón. Porque te da la opción de hacer tres disciplinas diferentes, y en esa diversidad, encuentro más diversión».

«Una vez que se termina ahí, me fui, con catorce o quince años, a Ferro. Dirigido por el famoso «Chueco» Goya. Ahí fue todo rapidísimo, me subieron a otra categoría, después a otra, y a los dieciséis tuve la suerte de debutar en Primera. Cuando me citan la felicidad que tenía, no, no, yo estaba… «en las nubes». Cumpliendo el sueño del pibe. Encima había grandes jugadores, experimentados. El técnico era «Patita» Denis. Alternaba, hasta que tuve la suerte de jugar en el Argentino A. En un equipo que había traído gente de todos lados, fue tremendo».

«Yo era un defensor izquierdo, un número tres, cerrado. En ese plantel de Ferro estaba Cristian Carnero de Belgrano que después jugo mucho en México, Claudio Osterrieth campeón con Independiente… Estuvimos a punto de ir al Nacional B. A mí me llevaron para «curtirme», foguearme, y terminé jugando. Eso fue lo máximo para mí. Había tipos que eran famosos y encima te ayudaban mucho, te enseñaban».

«Después estuve en la Filial de River, y me fui a probar varias veces en River, y volvía, luego me citaron otra vez, y tuve que dejar la escuela, luego no quedé por una serie de situaciones… y termine «colgado». En el fútbol atrás tuyo hay miles, y situaciones que uno no sabe ni sospecha. El futbol es lindo, hermoso, pero hay gente con poder, manejadores, promotores que hacen muchos negocios… y todo eso, ¿no? Que uno a esa edad no lo sabe, después con el tiempo vas, como todo, aprendiendo».

«Por todo eso deje Comercio 1, estuve sin brújula, complicado, pero retomé la escuela en la Comercio 1 de noche, y fue espectacular, conocí al profesor Aragón que era un groso, adquirí otra mirada de las cosas, me «encamine» de nuevo, y me cambio la cabeza para bien. Pude terminar y empezar la carrera de Educación Física y encontrar un futuro ligado a mi pasión».

«Cuando empiezo el instituto de educación física deje el futbol, y me propuse hacer triatlón. No sabía ni nadar. Unos seis meses antes de que comiencen las clases arranque en la pileta de «El Pollo», y me encanto aprender. Me estudiaba los apuntes que me dejaba, los libros que había, etc. Luego «El Pollo» se sorprendió, cuando comenzo el ciclo lectivo, que era uno de sus nuevos alumnos en el instituto y me dio trabajo en la pileta. El me tendió una gran mano al principio, para que pueda costear la carrera».

«Comencé a correr en Federación en diciembre de 1999. Casi me ahogo, a punto de pedir auxilio, ja, ja, ja. Corría, Mateo Orlandini, Alejandro Sambad, Carlos Sbresso, Fabián Escamilla, no éramos muchos de Concordia. Luego viajamos bastante con «El Pin» Angarola…«.

«Anduve bastante bien medio enseguida nomás. Yo descanso, como bien, me gusta entrenar. Lo mejor que hacía era la bicicleta. Llegaba dentro de los cinco en mi categoría, y a los cuatro o cinco años ya quinto, sexto, o décimo en la general. Y primero, segundo, o tercero en mi categoría.

«Hace más de veinte años que hago esto. Y voy a seguir hasta que mi cuerpo me lo permita. Pero cuidándome, sin hacer ninguna locura. Así como no apuro ni rompo a mis alumnos, tampoco lo hago conmigo, porque no te sirve…».

«He laburado de profesor en la escuela Crear durante muchos años, en la colonia de vacaciones del Poli, di futbol en el Salto Grande, y hace mucho que trabajo en Senasa, en la ruta, o en el puente, haciendo control del tráfico federal y de las importaciones y exportaciones».

«Mis primeros alumnos fueron «Los hermanos Ferrari». Marcos y Lucas vienen de la escuelita, tenían nueve años, luego estuvo «Guillo» Von Zellheim, «Los Canals», que sé yo, pasaron tantos… Siendo el entrenador de «Juani» Canals fui a la selección argentina, estuve en el CENARD, conocí al cuerpo técnico de la selección… Con quienes mantuve el contacto».

«El Pin» Angarola, Juan Martin Elordi vinieron después, también «Lakito» Bonelli, y actualmente «El Edu» Pelichero que está andando bien. Pero muchos, muchos. Si me los pongo a nombrar a todos… me voy a olvidar de algunos».

«También gurises chiquititos. Tuve como treinta, cuarenta, que se yo… «Chiquitos» que conocía de las colonias, de la escuelita de tría, del colegio Crear. Los llevaba a nadar, a pedalear, a correr. Siempre recreativamente y que vivan las sensaciones de hacer deportes al aire libre, en la naturaleza, y con amigos».

«Ya de chico me gustaba la preparación física, cuando jugaba al futbol escuchaba mucho al profe. Luego en el instituto pude aprender más, y aún sigo mirando otros entrenadores, leyendo, como hacen, por qué, que produce tal método, como es la técnica más eficiente, por qué, me apasiona conocer como llegan a esos resultados, que hay detrás. Sin una preparación física, la técnica y la táctica, por ejemplo, no la vas a poder hacer. El entrenamiento y «el cómo» son claves para el rendimiento».

«Tenemos un gran problema en nuestro semillero deportivo. A los quince, dieciséis años, quieren andar en la punta, se vuelven locos por los tiempos, las posiciones, los ritmos, cuanto me saco aquel, cuanto le desconté… No para, sos un chico todavía, y corres como un chico. Eso siempre le explico a ellos y a los padres. Si no, luego se frustran, se «queman» y dejan».

«Para un poco, que haga deportes mientras estudia quinto año, que vaya a las carrozas, viaje de estudio, vacaciones, lo que sea, luego a la universidad o trabajar. Pero no dejar abruptamente de correr o de jugar porque lo mejor aún está por venir».

«Si el pico de nuestras posibilidades lo vamos a lograr a los veintiséis, veintisiete años, y así poder hacer toda la vida. Yo le pregunto a los padres, ¿vos querés tener a tus hijos recibidos en cuatro, cinco años, a los 21 o 22, y que sea gordo, con diabetes, estrés, que fume, tome y no haga más deportes? ¿O que vaya despacio y siga estudiando un poco más lento y a los 25 o 26 salga con el titulo, este sano, y haya seguido mejorando? Como pasa y mucho en otros lados».

«Nos tenemos que replantear esa gran traba de que a los 16, 17 años, si no estamos en la selección argentina o no estamos como queremos, dejamos y nos ponemos a estudiar o trabajar».

«Deberíamos cambiar esa forma de conducir a los gurises. Reorganizar la vida, ser flexibles, más pacientes… Algunos padres lamentablemente no entienden, y presionan o se dejan presionar por los chicos, que son aún chicos y piensan como chicos».

«Yo les digo las cosas, no soy su amigo, soy el profe. Yo quiero entrenarlos. Voy, a veces, como asados, pizzas, guisos, vamos afuera, cuando puedo, pero tengo mi familia también a la que le dedico y mucho. Las cosas están claras. Es mi manera de trabajar. Hay otras y respeto las demás. Si preferís algo así o asá, podés ir que lo vas a encontrar con este o aquel, no hay problemas. Pero yo no puedo ir en contra de mis principios y valores. Así entiendo el deporte, la docencia, y la vida misma».

«Nunca le pongo una pausa a mi carrera deportiva, siempre que puedo hago deportes. Y me gusta compartir mi experiencia. El ser también profesor de Educación Física me ayuda mucho a mantenerme vigente, entrenando, porque los gurises, quieras o no, te llevan a estar entrenando y al menos «mantenerte».

«El deporte trae muchas cosas lindas. Como torneos y competencias, te mantiene motivado y en un ambiente sano. Los resultados, si vos prácticas, van llegando solitos».

«En casa, si le preguntas a mis hijos, ellos te van a decir, la única condición para vivir bajo nuestro techo es hacer por lo menos una hora por día algún deporte. Ya una hora de caminata sin el teléfono, está. No se si esta bien o mal, pero lo escuche una vez, y lo adopté. Cuando vuelve, yo le digo a los padres, mi hijo es otro. Se los puedo asegurar. Me va a saludar, con al menos un beso y un abrazo me va a dar».

«Sigo corriendo, pero tranquilo, disfrutando, que eso es fundamental. A las carreras las disfruto desde que me levanto hasta que descargo todo en mi casa. Nunca me costo ni entrenar ni competir, para mí es algo placentero. Quizás siento nervios, sí, en las primeras brazadas de la natación, luego ya voy para adelante y ajustando la marcha a lo que me dice el cuerpo, ¿no?, ja, ja, ja. Me canso aflojo, me siento mejor aprieto, así hasta llegar a la meta… (sonríe mucho, siempre)».

«Todo esto que te conté fue gracias a mi paso por el deporte, por el instituto, por las escuelas donde trabajé, por mis alumnos acá en Deportria, todo gracias a tener al deporte como una filosofía de vida».

«El ser referente en el triatlón es algo lindo y creo que sirve para seguir dándole una continuidad al deporte y poder contagiar a otros, que es muy lindo como modo de vida, es como correr por tu vida, que es lo más importante que hay».

«Si vos haces deportes, hay alguien a quien le debes un compromiso. A tu entrenador, un compañero, tú sponsors, tu papá, lo que sea. Estás comprometido de palabra y eso te lleva a no querer defraudar. Muchas gracias por la nota. Nos reímos un rato, y nos conocimos mucho más».

Hoy valoramos a la figura de Carlos Regner del barrio Nueve de Julio. El líder espiritual de Deportria. El más popular del triatlón de Concordia. Ellos le han puesto color y calor a las carreras. Hacen fierros en Sarmiento y Santa María de Oro, nadan en el club Salto Grande, pedalean en el lago, y corren en todas partes, son «plagas». Este hombre que paso por acá, ha popularizado, probablemente como nadie ultimamente, nuestro pintoresco, y querido triatlón del río Uruguay.

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