VALORARTE A VOS MISMO (21/4/22)

La autoestima es gustar y creer en nosotros mismos, de manera realista. Y es una condición necesaria para motivarnos, confiar, y proveernos de recursos para crecer y avanzar en la vida

Es una experiencia íntima, es lo que pienso y siento sobre mí mismo, no lo que piensa o siente alguna otra persona. Mi familia, mi novia y mis amigos pueden amarme, pero puede que yo no. Mis compañeros de trabajo pueden admirarme y aun así yo no. Puedo proyectar una imagen de seguridad, y aun así «temblar». Puedo satisfacer las expectativas de otros y aun así fracasar en mi propia vida. Probablemente, gano todos los honores y aun así sentir que no he conseguido nada. Millones de personas pueden admirarme y aun así me levanto cada mañana con un sentimiento de hondo vacío.

La autoestima te da resistencia, fortaleza y capacidad de recuperación. Una baja autoestima nos hace vulnerables ante los problemas. Si no creemos en nosotros mismos, ni en nuestra capacidad, el mundo es un lugar aterrador.

Reflexionemos en los ‘ricos y famosos’ del deporte o del arte o de la política que no pueden pasar un día sin drogas y alcohol. A pesar de sus logros, se sienten tristes, fracasados, solos, desalentados, o menospreciados.

Conseguir el éxito sin lograr primero una buena autoestima es condenarse a sentirse un impostor. Y a sufrir, esperando que salga a la luz la verdad.

La admiración de los demás no crea autoestima, ni tampoco el conocimiento, la maternidad, las posesiones materiales, las conquistas sexuales, o la cirugía estética. Estas cosas pueden ayudarnos a sentirnos mejor, pero lo que te da satisfacción es la autoestima y las buenas relaciones humanas.

La mirada sobre uno es vital. Cuando es positiva, permite sentirse a gusto, y enfrentar dificultades. Cuando es negativa, engendra sufrimientos que afectan la vida. Nos dejamos llevar más por el deseo de ahorrarnos dolor que por el de buscar alegría.

Aprender a valorarse significa encontrar la vía para ver, asimilar la idea de que somos como cualquier otro. Que no estamos por debajo de nadie, y que somos tan capaces como los demás. Y que no necesitamos de mecanismos y estrategias para ocultarnos, defendernos o confrontarnos con los otros para proteger nuestra historia y valía.

Cuando se ha crecido o se ha estado mucho tiempo en un ambiente excesivamente crítico, no es fácil cultivar la confianza. Tampoco aprender a valorarse. Ser uno mismo no es nada fácil, sobre todo cuando se han vivido experiencias en las que la única forma de sobrevivir ha sido la de dejar de ser nosotros mismos. Como drogándonos o creando un personaje.

Ayuda mucho dejar de pensar tanto antes de hacer. Antes de hablar. Así que lo indicado es no hacerle caso a esa vocecita interna. Tomar el riesgo de hacer las cosas sin meditar tanto. De hablar dejando que fluya todo como va llegando.

Imagínense que yo no reconozca ni valor que termine la secundaria, que estudie inglés, cocina, periodismo deportivo, que he ejercido ambas profesiones, recibido el alta terapéutica de la clínica de adicciones El Arte de Volver… Y que practico el triatlón… Me sentiría «un cuatro de copas».

Hay tanta obsesión por el éxito en la actualidad, que muchos terminan desarrollando pánico al fracaso. Se olvidan que solamente de forma excepcional, un triunfo no está precedido de incontables intentos fallidos.

Debemos empezar a pensar en el fracaso como una oportunidad para aprender. El concepto de fracaso conlleva la otra cara de la moneda, la del aprendizaje. La famosa fórmula de ensayo-error gracias a la cual avanza la ciencia y el conocimiento.

Nada mejor para aprender a valorarse que ser humilde. También aceptar que somos parte de la humanidad, llena de errores, carencias y vacíos. Si tenemos un amor propio fuerte, esto no nos asusta, ni nos hace sentir inferiores.

Cuando estimo, otorgo importancia a algo o alguien. Decimos que una persona tiene alta estima cuando puede enfrentar los desafíos de la vida, se permite disfrutar y establecer sus propios derechos y necesidades.

La baja autoestima se manifiesta con «El síndrome del chico bueno». Es la persona evitativa que no expresa agresividad, no muestra las “garras”, se percibe indefenso y no quiere llamar la atención. Cuando alguien lo pisa dice: “Disculpame por haber puesto mi pie debajo del tuyo”.

También con «La víctima». Es la persona que lo utiliza como una defensa porque se reconoce en inferioridad de condiciones. Es el que siempre está sufriendo, al que siempre le duele algo. El objetivo es inhibir al agresor. Y buscar la empatía del grupo que lo consuele y cuide. Pero el que se victimiza casi siempre termina siendo agredido porque la gente se da cuenta de que es una pose, está camuflado. La primera vez lo abrazarán, pero la segunda ya se darán cuenta del engaño.

Y con «El Servicial”. Es la persona que siempre está ayudando a otra. Donde hay un problema, está «El Servicial”. Enmascara la baja estima. Da porque espera ser ayudado. No da por amor sin esperar nada a cambio, sino que lo hace porque espera que el otro le devuelva ayuda. Con el tiempo, termina resentido y expresando “Al final, yo ayudo a todo el mundo y a mí nadie me ayuda”.

Las soluciones pueden ser vernos en totalidad. Reconocer qué puedo y qué no puedo hacer, qué sé y qué no sé. Pararnos en las fortalezas. Pensar cómo logré algo que me salió bien en la vida. No debo demostrarle nada a nadie, sino a mí mismo. Cuando uno puede reconocer sus capacidades y fortalezas, nunca ostentará nada para agradar. Debemos aceptar que no vamos a gustarle a todo el mundo y que, tarde o temprano, seremos rechazados.

Los seres humanos somos vulnerables y ciento por ciento dependientes del cuidado y la ayuda de alguien para crecer. La vulnerabilidad nos acompaña durante toda la vida. Somos seres falibles que cometemos errores y perdemos cosas. Cuando somos capaces de exhibir nuestra debilidad y aceptarla, podemos transformarla.

Podemos tomar tres posiciones frente al otro. Primero, hacer lo que el otro me dice para que no me deje de amar. Segundo, no hacer lo que quiero, sino hacer algo para desafiar al otro. Y por último, hacer lo que quiero dentro de mis limitaciones y seguir mis propios proyectos. ¡Esto último es una gran decisión!

LA LEY DEL DEPORTE

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