LUIS «CACHI» SIMÓN EN LA LEY DEL DEPORTE (9/7/20)

Luis «El Cachi» Simón trabajó en motores de autos toda su vida. La historia de hoy en este prologo y homenaje a Luis «Cachi» Simón se nutre de muchas otras historias. De su hijo Diego, de sus amigos y de sus pupilos. Pero la filosofía es siempre la misma con el automovilismo: correr cada día más rápido en un auto de carrera. Y para que el piloto lidere debe tener una máquina que lo lleve. Como el jinete y su caballo. Por eso son un binomio. Se funden en uno solo. El hombre se entrega con pasión a un desafío donde se le va la vida. Así de supremo. Así de absoluto.

El padre de «El Cachi» Simón empezó a finales de la década del cuarenta con los Ford T. Cuando en Argentina los caminos aún eran sendas salvajes, donde pilotos y preparadores vivían largas y excitantes aventuras en competencia. Al taco pasando por pueblos remotos y a veces desconocidos. Dejando a su ciudad, a su familia, y amigos.

Preparaban autos en epopeyas que duraban meses. Un desafío al físico, a la mente, y sobre todo al espíritu. Eran unos sacrificados preparadores. De muchas ganas, ingenio, y determinación. Y mucha tolerancia a la frustración. Gente determinada y guapa.

«Los Simón» y sus pilotos también incursionaron con el Fort V 8. No esperaban a que el pavimento, la tecnología y el confort suavizaran sus padecimientos y berrinches. Tampoco el de sus autos. Se tiraban de cabeza a esos proyectos en travesías extenuantes. El instinto de desafiarse a uno mismo para ver «de que madera estás hecho» ha girado y ha movido al mundo motor. Explorar hasta donde podés llegar, con las herramientas que tenés. Es siempre una duda «a sacar».

Luego, en los 60, padre e hijo se embarcaron en las aventuras del popular Falcon del piloto «Guillo» Von Vernich. Uno de los más grandes y renombrados de Concordia. El primero que manejó en Turismo Carretera. Primero en el Anexo J Provincial. Luego en el Anexo J Nacional.

Además alineaban el Torino de «El Chilo» Castelli. Que luego también lo manejara «Robertito» Carubia. Inclusive ponían a punto el Gordini de Roggero. Y le dejaban todo listo y pronto a «Morenito». En el 68 le ganaron a los Renault de Monguzi y de Antelo. Que venían con todo el apoyo oficial y con los nuevos adelantos de equipamientos.

«Los Simón», con el Falcon de Von Vernich, compitieron en Turismo Carretera. Coloreados por los relatos de H.H. Bradanini en LT 15 y de las transmisiones de Pista 11 en LT 11, que emocionaban y encendían a todos. «Cachi» participó de varios Grandes Premios en carreras que duraban un mes más o menos, entre «pitos y flautas». En el 72 arrancaron en el Gran Premio de la «Fierrera» Rafaela, «tirando la diagonal» para Santiago, Chaco, Formosa, hasta Salta. Y bajando por Catamarca, La Rioja, y llegando hasta San Francisco Córdoba. Gana Gradassi, segundo Iglesias, tercero Nasif Stéfano, cuarto Néstor «Mandrake» Marincovich, y quinto el Falcon de «El Guillo» Von Vernich… Con motores de «Los Simón». Había etapas de como mil kilómetros. Sin una larga durabilidad «no contabas el cuento». Te «quedabas tirado». Era llegar, o morir en el intento…

Era una época donde automóviles más primitivos y hombres con vocación de héroes se debatían en una lucha encarnizada, hasta desigual, pero siempre adrenalínica y apasionante. En un paisaje gobernado por los vientos y la soledad.

Luego «Cachi» Simón fue preparador, ya en los años 70, de la Formula Entrerriana. Trabajaba y ponía a punto todos los motores Peugeot. Atendió el de Ceroleni, el de Scatone, salieron campeones con «Cacho» Scaracini en el campeonato de 1975. Estaba para arreglar, balancear, y dar una mano a clientes o amigos. Para brindarse.

«Cachi» Simón, ya en los años 80, se dedicó a los Fiat 600. Al emblemático y querible Fitito. Donde le trabajó a «Polaco» Castelli, Hugo Castelli, «Burro» Cutro, «Pancho» Rodríguez, y a muchos pilotos más. Siempre dispuesto a dar una mano y su experiencia. A sumar.

La familia Simón dedicó como 80 años al Automovilismo. La historia pura del legendario y glorioso Automovilismo Argentino atravesó a «Cachi» Simón, y a toda su familia.

El reconocimiento que recibió fue la mejor recompensa. El respeto, el cariño, y la admiración de la comunidad tuerca y de la sociedad de Concordia están tan vigentes como siempre. Y en la pasión concordiense por sus hombres, sus marcas, sus equipos.

«Cachi» es uno de los nombres ineludibles a la hora de hablar de carreras de autos, creció con el boom en popularidad del automovilismo. Y con el surgimiento de los ídolos y triunfadores de la historia. Tan necesarios como los ignotos y anónimos que, con más ilusiones que medios mecánicos, también trabajaron duro en las carreras y en silencio. Para tratar de ganarse a ellos mismos. Con esa satisfacción de al menos haber dado su 100 %. Y saber que lo demás es puro cuento…

Además tuvo una destacada actuación durante años como capo en la dirigencia del Autoclub Concordia, y en la comisión directiva del club Hípico, liderada por el padre del autor de esta nota. Estuvo representando al tenis hasta hace poco y aportando su experiencia en asambleas y un gran conocimiento del cuidado y mantenimiento de las canchas de polvo de ladrillo.

El orgullo de haberlo intentado, logrado, ser reconocido, y haber perdurado por décadas te hace una persona inmortal. Cachi Simón seguirá viviendo en la información fría de la prensa, los comentarios calientes de los especialistas, en las anécdotas «por doquier» de los nostálgicos veteranos de taller, y en el corazón de su mujer y siempre buena compañera Mirna.

Le mandamos un saludo muy grande y cordial a «los muchachos del ayer». Con el deseo de que este humilde homenaje les haya gustado… Y, porque no, también emocionado…

LA LEY DEL DEPORTE (MATRIX 94.9)

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