PREPARADOR DE AUTOS JORGE «EL CHIVO» BRIAND EN LA LEY DEL DEPORTE (30/7/20)

Jorge Briand es hijo de un padre Prefecto y de la hermana del ex gobernador Tomás Cresto. El nace en un paraje cercano a «La Histórica» Concepción del Uruguay porque a su padre lo trasladaron para allá. Tenía dos hermanos: Rafael quien muere muy joven en un accidente de tránsito donde su madre queda inválida para toda la vida y su padre termina intacto. Y de Luis quien fuera Visitador Médico luego de trabajar Entre Las Sogas y El Tango, en un par de películas más, y en la organización del boxeo.

Jorge se vino a Concordia a los 11 años, su mujer también es de allá. Son paisanos, pero se enamoraron acá en Concordia. Empezó a trabajar en Mercam. Luego con «El Negro» Moreno haciendo un Renolito. También incursionaron en Karting, Metían mano meticulosamente en todo tipo de vehículos. El mantenía su equipamiento técnico inmaculado. Su taller siempre era un «quirófano». Aún hoy lo es.

Jorge trabajó en muchos autos de diferentes tipos y pelajes. Pero está asociado en la historia con Roberto «El Gurí» Carubia. Fueron dos apasionados de las carreras desde su juventud. Pasaron de la gloria a la tragedia en solo un suspiro. Disfrutaban del éxtasis que solo un auto de carrera les podía ofrecer y nunca más les dejó de gustar. Aún hoy tiene su taller en Mendiburu y Entre Ríos. En «La Coqueta Cuadra» del Tanque de Agua.

Los éxitos entre Roberto y «El Chivo» llegarían en cantidades industriales. Con un Roberto afianzándose a cada paso, y con apenas 19 años, ya daba que hablar entre sus colegas. Con victorias en El Pinar, o con su triunfo en el Callejero de Punta del Este.

Para 1969 logran subirse al Torino de la clase C del viejo Turismo Anexo J, obteniendo la victoria en el trazado de Paraná. La década del 70 comenzaba a transitar sus primeros pasos y «El Gurí»y «El Chivo» lograban subirse a un monoposto, que era lo que realmente más les agradaba dentro del automovilismo.

En 1971 adquieren un F 1 Mecánica Nacional. Un Bravi Tornado con el que participarían en las 500 Millas de Rafaela. Al año siguiente se pasan a la F 2 también con Bravi y Avante. Para 1973, ahora también junto a su hermano Carlos como colaborador, supieron de participaciones en el Turismo Nacional con un R 12. Logrando una gran victoria en el Autódromo de Buenos Aires.

«El Chivo» Briand ha hecho motores de arandelas, tiene casi una rectificadora en su casa. Máquinas hechas por él, arregladas por él, o mejoradas por él. Una pasión por los fierros inextinguible. Es un «hombre de overol». De aquellos que se ponían el sobretodo y le daban hasta «vaciarse de contenido».

«El Chivo» hacía los amortiguadores a mano, a pulso. Todo era artesanal. Eso sí, había que caerle con el auto limpito y brillante, si no te lo mandaba para atrás. No te lo dejaba meter. Era estricto con el mismo, y también con los demás. Limites a quienes lo necesitaban, que siempre fueron muchos. Nunca fue un abonado a la «amabilidad tóxica».

«¿Te compraste ese auto? Esta re lindo. ¿Ya se lo llevaste al «El Chivo»? ¿Para qué? Y para que te lo mire. Para que te lo ponga a punto. No podés andar así de una», sea para calle, ripio, ruta o autódromo, parecería que los autos 0 km de los años 70 y 80 necesitaban «el visto bueno» del gran preparador y mecánico Jorge «El Chivo» Briand. Lo primero que hacían era llevárselo para que se los ponga a punto. Que «queme color ladrillo», eso se decía y mucho. Para la gente de la época él era de lo más idóneo, el más confiable. Inclusive por encima de los de la fabrica. Una vida de taller. Mañanas, tardes y noches interminables trabajando incansablemente para dejar los autos lo mejor posible.

Jorge también es carpintero. Construye, hace que las cosas sucedan. Restaura muebles antiguos. Recauchuta maderas tiradas y le da uso una vez que las transforma en obras listas para el consumo y el disfrute. Un loco del taller. De esos reductos o «tierras santas» es donde se le mete pasión, horas, imaginación, ingenio, y amor por tu proyecto… Allí nacen los locos. Los locos geniales. Los imperecederos al paso del tiempo.

Jorge «El Chivo» Briant jamás le tuvo miedo a las crisis y a los problemas de la mecánica. Porque son una parte ineludible de la vida en el automovilismo. Hombres con gran estima, grandes sueños, y que actuaron en consecuencia. Un ser humano con piel de rinoceronte, es decir, de cascara dura y a prueba de todo. Hoy sigue tan entusiasmado como siempre.

El hombre de la historia de hoy en «La Ley del Deporte» fue feliz haciendo lo que hizo. No necesitó de fama, ni títulos. Fue feliz haciendo lo que eligió. Porque lo que toco, lo amo. Y esa es una muy buena y sencilla receta para el éxito.

LA LEY DEL DEPORTE (RADIO MATRIX 94.9)

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