PELOTARIS DEL CLUB VASCO ARGENTINO POR «LA LEY DEL DEPORTE» (8/6/21)

Hoy nos encontramos con cuatro referentes del histórico Club Vasco Argentino de Concordia, entidad fundada el 21 de junio de 1921. Esta semana cumple 100 años de vida y el festejo «con toda la pelota» dentro de la cancha se postergará un poco.

El edificio, que data de 1875, presenció sucesos desde tiempos muy remotos. Pocos clubes tiene tantas historias de entrenamientos, terceros tiempos, viajes, torneos, festejos y agasajos, como los de la Pelota Paleta. Es un club de amigos.

Hoy estamos con referentes de distintas generaciones. Quienes nos van a dar un «pantallazo» de lo que es uno de los clubes que ha demostrado más resiliencia, durabilidad, y poder de adaptación, como el antiguo reducto de Alberdi 170, en pleno centro de Concordia. Bienvenido Hugo «El Pata» Andreoli, Luis Fernando «Pistola» Avalos, Juan «El Pelado» Presas, y Rudi Eliot Grieve a La Ley del Deporte:

Hugo Andreoli: «Hola, gracias por la convocatoria. Yo juegue más de cincuenta y cinco años a la pelota paleta. Gracias a este deporte visité y recorrí muchas ciudades, recolecte anécdotas, gane torneos, y funde junto con dos grandes amigos como Verdún y Pietrovelli, la Asociación Interprovincial e Internacional de la Costa del Río Uruguay, pero lo más importante es que conocí grandes personas y coseche infinidad de amigos. Yo vine a los veintitrés años, de grande a jugar, porque vivía en Lucas González, llegamos para disputar la Copa Mutio con Buzón tres o cuatro años, y la ganamos. El club Vasco Argentino ha organizado una copa en mi nombre. Fue un hermoso e inolvidable gesto del presidente Rudy, quién es como un hijo postizo para Marta, mi mujer, y para mí. Fue un torneo donde se inscribió el récord de 33 parejas provenientes de todos lados. Pasamos años viéndonos y hay un afecto y una conexión que perdura mucho más allá de la proximidad o del tiempo».

Rudy Eliot Grieve: «Yo vengo desde chiquito acá con mis padres. Jugaban vestidos todo de blanco. Los domingos de mañana se venían a tomar el vermut. De a poco el lugar se te va metiendo adentro, le entras a tener mucho cariño. Ahí empece a conocer gente, amigos, comencé a formarme como persona. Salía de la escuela e iba a lo de Darío Andreoli y nos veníamos al club. Le jugaba al cantinero por la coca de vidrio. Y hoy gracias a dios llevo los colores del club en mi vida, en mi familia, y en mis hijos que vienen acá. Feliz de poder llevar la institución adelante, hoy ya hace doce años que soy presidente, con un gran equipo de trabajo que me acompaña, con quienes tenemos una hermandad de más de treinta años. El balance de tantos logros, metas, y sueños que se han podido ir cumpliendo nos pone muy felices. La gran satisfacción es ver el Vasco de la forma que está. Es y debe ser un club de amigos. Se viene a pasarla bien, a divertirse, y hacer actividad física. Yo tengo que pasar a ver si está todo limpio, si se necesita algo, a ver los amigos, que pasa con este que no viene, anda con problemas, no anda con problemas, vamos a ayudarlo, no vamos a ayudarlo… Si le pasa algo a un amigo del Vasco tenemos que estar todos. Yo he estado muy mal, en la lona, tuve un problema familiar y terminé durmiendo en la secretaría. No sabía ni como arrancar el día siguiente… Les dije a los muchachos: «Decidan ustedes por mí que hago hoy, yo ni idea». Estaba perdido. Por eso siento que debo devolverle al club. Me crie en la casa de «El Pata» y Marta. Mi actual familia es el modelo que conocí en casa de los Andrioli».

Luis Fernando Avalos: «Yo tengo una historia de vida un poco distinta, Porque nací acá enfrente del club, mi papá murió siendo yo un bebe, y mama trabajaba todo el día, entonces de tarde me cruzaba… No tenía paleta, tenía una tabla de madera, tanteaba la puerta, sabía que el canchero estaba durmiendo en el fondo, sacaba una traba y abría despacito… Y me mandaba, me quedaba una hora peloteando solo, ¡Si me escuchaba me sacaba «a los chirlos»! Ya de más grande ingresábamos de 14 a 16 hs. Éramos como 50. Jugabas 15 minutos y seguía otro. Se «comía mucha reja» como se dice en la jerga. Los cuidadores nuestros fuera de nuestra casa eran todos los integrantes del club, nos educaban y nos cuidaban. Cuando volvíamos a casa a las 17 hs, porque no nos dejaban seguir ahí, se aseguraban de que entremos y luego regresaban. Yo era un poco el mal enseñado porque al no tener papa se me permitían y perdonaban ciertas macanas que cometía. Nunca voy a dejar de reconocer la incidencia que tuvo como deportista y como persona el club Vasco. Tenía 12 y 13 años y «El Pata» venía a jugar en primera, era uno de los mejores jugadores de la provincia. Después se viene a Concordia y tuve la oportunidad de jugar con el. El nos enseñaba mucho. En el club éramos competitivos, pero depende quien viniera de la provincia o del país. Cuando me fui a estudiar Abogacía a Santa Fe y jugué en Gimnasia, Unión, y en el Centro Castellano, agarre muy buen nivel. Aunque teníamos 2 o 3 monstruos en la provincia que ya estaban incursionando en Buenos aires a nivel profesional. Existía una diferencia bastante importante. Estábamos para el tercer o cuarto puesto. Esto motivo la creación del Campeonato del Río Uruguay, permitía a los más jóvenes competir y poder ganar. El mejor delantero, para mí, fue «El Pata» por lejos. Otros buenos fueron Pedro «Tortuga» Fornazari, y sus primos «Carozo» y «El «Colorado». Y de zagueros… Alejandro «Jano» Garat, «El Cholo» Benítez, y Horacio Barbeito. También he sido presidente. No sé que otro deporte tiene un sentido de pertenencia tan grande como este. Por eso siempre uno anda pensando que puede llegar a hacer por el club».

Juan Presas: «Yo vengo a jugar desde los cuatro o cinco años. Mi viejo jugaba. Miraba desde afuera hasta que luego empecé a entrar a la cancha, como le habrá pasado a la mayoría. Empezás a querer y amar a este club. Pase por muchas escuelitas, donde hice mis primeros amigos, uno de ellos está hoy acá en esta mesa. Es una amistad que perdura toda la vida. En pre infantiles e infantiles jugaba con los hermanos juan Martín y Aio Barbeito. En primera con Miguelito Maciel y Cesar Fonseca. Mi cariño por el Vasco Argentino excede a la paleta. Cuando me recibí en Santa Fe de profesor de Educación Física comienzo a dar clases en el gimnasio del Vasco con 23 años. El club me abrió la puerta. Arranqué con unas pesitas, un grabadorcito, y nada más… una sola alumna. Hacíamos musculación y luego «de buenas a primera» fue creciendo hasta convertirse en un gimnasio grande y tener un nombre en la aeróbica. Además daba clases en la escuelita de paleta simultáneamente. He sido presidente. Este es mi hogar. Mis mejores amigos son de la paleta, cuando uno empieza a jugar los Argentinos también se hace amigos que aún permanecen. Me ha pasado encontrarme con viejos rivales que hoy somos amigos. He estado en Chajari, Parana, Concepción del Uruguay, solo haciendo tiempo en la terminal y lo primero que haces es llamar un pelotari amigo. Te busca y si no te hace un asado te prepara la comida, una merienda, algo. En algún momento cuando yo estuve muy mal y tuve que cerrar el gimnasio por la pandemia y por otros problemas personales, estaba en la lona. No venía al club, estaba mal, en otra, no tenía plata… Y, cuando menos lo esperaba, vivieron a rescatarme. Aparecieron los amigos del club Vasco a hacerse cargo de mi deuda, a darme contención y afecto. Estaba en un pozo tremendo. Me invitaron al club, me abrieron las puertas, se preocuparon. Y ese gesto no me lo olvido más. Esa actitud fue una de las cosas más lindas que me pasaron en mi vida«

Gracias al club Vaso Argentino, que cumple sus primeros 100, las próximas generaciones podrán seguir disfrutando con amigos de oro de un hermoso deporte. Un lugar por excelencia donde pasar tus ratos libres con amigos. La amistad duplica las alegrías y divide al medio las angustias, por eso es una necesidad básica. Un buen amigo es aquel que lo sabe todo de vos, todas las que «te mandaste», hasta lo que te avergüenza. Pero que sin embargo te quiere y mucho.

En el club Vasco Argentino se ven amigos verdaderos y duraderos. Ellos se dan fuerza interior porque se brindan afecto, se escuchan, comparten sus tristezas y sus alegrías. Se ponen felices cuando se ven llegar. Y quieren saber y preguntan como les fue, que sienten, y que andan haciendo. Se abrazan, se cuentan anécdotas, se tienen fe a pesar de todo, se ríen, se emocionan. Comparten un partido y un tercer tiempo… Con tantas cosas como no van a volver. Feliz centenario Club Vasco Argentino viejo y peludo. ¡Ojalá que cumplas 100 años más!

LA LEY DEL DEPORTE

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