LA KETAMINA (CHARLAS SOBRE ADICCIONES EN CONCORDIA)
Una vez en New York me convidan en un baño algo que lucía como cocaína, pero era ketamina. Le di ahí, acepte más, pedí más, mezcle, como siempre, con alcohol, y cuando salí de ese boliche en mal estado presencio, por primera vez en mi vida, la caída de la nieve. No solo eso, era una tormenta de nueve. Encima, como no sabía ni donde estaba, me tuvo que llevar un viejo, canoso, y barbudo… hasta mi casa ¡Estaba con papa Noel en el medio de muñecos de nieve y trineos! ¿Donde esta la salida al mundo mundano y real?
Yo me drogaba para pasarla bien, por diversión, al principio era re divertido, pero me fue vaciando el alma. Luego, porque odiaba mi vida, la vida, no quería ver la realidad. Y pensaba cambiarla con drogas. Tomando falopa, más y más alcohol, cocaína, pasta, ketamina, porro, pastillas. Me creía Scarface pero no era nada.
Es gracioso y alucinante al principio, luego te enfermas de ansiedad esperando que llegue el puntero en su moto con su veneno. Parece que te va a salir rodando el corazón de lo «cebado» que estás. Ganas de meterte de todo… Y encima este que no viene.
La ketamina es una droga de síntesis que se utiliza en medicina y veterinaria por sus propiedades sedantes, analgésicas y sobre todo, anestésicas. Es una droga disociativa y alucinógena, de manera que al consumirla, muchas veces, tenemos la sensación de «estar fuera de nuestro cuerpo», es tanta la locura que te agarra que te asusta mirar esa película.
Su presentación farmacéutica es en forma de líquido inyectable. En la calle se puede encontrar como líquido, polvo, cristales, o pastillas. En su forma en polvo puede ser inhalado por la nariz, inyectado o consumido por vía oral.
La ketamina, también conocida como «Special K», es un anestésico general disociativo. Esta sustancia es apreciada por su capacidad de combinar efectos hipnóticos, analgésicos y amnésicos, sin pérdida de consciencia ni depresión respiratoria.
Con esta sustancia, a dosis bajas, se consigue un sentimiento apacible, soñador, similar al gas hilarante. Da la sensación de flotar y salir ligeramente fuera del cuerpo. Y si te pasas presencias tu propia película de terror. no vas a poder llegar a tu casa y las chances de colapsar son grandes.
La ketamina puede causar depresión, delirio, amnesia, trastornos de las funciones motoras, presión arterial elevada, y problemas respiratorios potencialmente mortales.

La desconexión de la realidad ordinaria y la sensación de participación con otra realidad se acentúan. Las experiencias disociativas frecuentemente parecen tan genuinas que no se puede diferenciar si realmente abandonamos nuestro cuerpo o no.
Los que consumen grandes dosis de ketamina tienen deterioro mental, principalmente con respecto a la memoria, afectando la memoria verbal, a corto plazo y memoria visual.
Cuando el medicamento ketamina se deshidrata en un olla o sartén, queda un polvo que suele ser aspirado para crear un cuadro de alucinaciones o desvaríos, que puede llegar a situaciones de suicidio, traumatismos graves, y en menor medida alteraciones cardiovasculares y neurológicas.
La alucinación, despersonalización o ver cosas que no están son consecuencias directas de la ketamina aspirada, y son efectos similares a lo que produce la metanfetamina y el éxtasis. Además, produce trastornos neurológicos, incapacidad de poder aprender cosas nuevas, trastornos cognitivos, movilidad de las manos, de los pies.
En la fiesta de la droga adulterada, además de éxtasis, anfetaminas y cocaína, se consumieron marihuana y ketamina. Así lo fueron revelando los análisis de laboratorio de los sobrevivientes, que permanecieron internados en tres hospitales.
Con el paso de los días se pudo determinar que la combinación más común fue éxtasis con anfetaminas en mezclas con ketamina, cocaína y marihuana.
Esto describe un mosaico de drogas, principalmente estimulantes, qué combinadas pueden llegar a provocar el coma y la muerte. Seguramente, todo estuvo mezclado con alcohol. Una combinación semejante es fatal porque potencia los efectos de todas las drogas ingeridas
Cuando uno ingiere una droga, ya lo hace pretendiendo perder el contacto con la realidad. Esto nos lleva a querer cada vez más y más. Porque después de la cerveza, por ejemplo, ya estás más cerca de una pastilla, y luego próximo a otra trampa para «abollarte la marola». Con la pérdida del contacto con la realidad también disminuyen los mecanismos de control. El superyó, que es el que nos cuida, es soluble en alcohol. Con estimulantes todo se vuelve más accesible y se percibe como menos problemático. Ya estás jugado…

El Estado tiene que perseguir el tráfico de drogas, los padres tienen que hablar y conectarse con sus hijos, educarlos para que sepan decirle que no a la droga, los chicos tienen que poder rechazarla y los docentes y el personal de la salud tienen que educar para que la población conozca los riesgos y que no vale la pena asumirlos.
Hacer prevención no es solamente poner una publicidad en la TV, sino que los jóvenes, que son los más vulnerables, sepan qué les va a pasar y tomen conciencia del riesgo. Y que ellos mismos sean multiplicadores del mensaje. Únicamente así podrán tomar bien sus decisiones y usar las charlas como límite para no caer en la vida enferma.
Con «La «Keta» terminas golpeando y mal. Y a cualquier hora golpeas taperas para conseguir más drogas. A pesar del frío, la lluvia, el viento, el insomnio que te gobierna, los nervios, seguís buscando algo que te transforme la vida, que te salve, que te saque de tus miserias, hasta terminar durmiendo en cualquier lado, sin casa, sin abrigo, sin amor, y sin comida.
Arruinaste ese día, y mañana llegarán las facturas de todas las macanas que te mandaste. No es un día lunático, será una semana «atajando penales» por las infracciones que cometiste. Y encima, como estás mal y enfermo, lo volvés hacer otra vez. Merca, pucho, chupi, mujeres, anfeta, keta, meta, heroína, y sus derivados. Noche tras noches, envuelto en una nube de humo, que se va haciendo más espesa y negra.
La drogadicción es una enfermedad de negación. Negamos lo que hacemos. En tratamiento, al principio, un poco trato y otro poco miento. No hablamos de que consumimos quilombos, oscuridad, y perdidas…
Si esto te suena familiar, pedí ayuda. No calles, no sigas, no te mates, no te piques, no lo hagas. Se puede cambiar, se puede vivir de otra manera y salir. Con luz, con amor, con esperanza. Hay caminos. Hacete un favor y pedí ayuda. Por vos, por tu familia, y por los que te quieren mucho.
CHARLAS SOBRE ADICCIONES EN CONCORDIA