EL GIMNASIO MUNICIPAL DE CONCORDIA POR «LA LEY DEL DEPORTE»

El histórico recinto de San Juan y Corrientes de la ciudad de Concordia era, antiguamente, el taller donde se reparaban los tranvías que surcaban nuestras calles.

Pero gracias a unos apasionados jugadores de vóley que venían corridos por el básquetbol hicieron uso de este edificio. El piso está bajo la superficie porque ahí existían dos fosas gigantes para meterse debajo. Hubo que detonar las vigas a martillazos, restaurarlo y acondicionarlo para la actividad física. Fue inaugurado como Palacio de los Deportes en la gobernación de don Tomás Cresto, allá por el año 1975.

Luego se puso en valor con un nuevo piso deportivo, un techo a estrenar, flamantes y hermosos vestuarios, se mejoró la plaza «Camalote» Vargas que está enfrente donde los chicos juegan y hacen aerobic… Todos trabajos necesarios para que «El Muni» siga creciendo.

Primero se lo acondiciono para el vóley que vivió jornadas de mucha gloria con dos generaciones inolvidables. Luego vino el boxeo, que llego a ser casi religioso ir a ver a los boxeadores favoritos.

A su izquierda funciona la Secretaría de Deportes de Concordia. Y entre estos en la esquina, el Gimnasio Municipal de Boxeo donde enseñan Victoriano «Soriano» Fernández de 12 a 17 y Roberto «Carita» González de 18 a 22. «Cuna de Grandes Campeones».

Un reducto que sabe mucho de hazañas y sentimientos felices, en el mundo de los deportes indoor de nuestra ciudad. El Municipal es el «Templo del Vóley y del Boxeo». También todos los colegios han venido a hacer demostraciones físicas y disputar campeonatos inter colegiales. 

La ciudad es como que desaparece, la rutina y los problemas se olvidan por un rato, y solo existe el Municipal y sus personajes. La gente va a ver boxeo o vóley. Pero también a ver conocidos, amigos y compañeros de la vida. Es mucho más que ir a ver un deporte.

Cuando juega o pelea un alguien taquillero suenan las matracas y los redoblantes, flamean las banderas y los trapos, vuela papel picado y el griterío es ensordecedor. Una fiesta local. Humilde, pero necesaria como «buche en el desierto». La gente se sensibiliza y emociona cuando las contiendas son buenas y dramáticas. 

La barriada no se lo quiere perder. Es como la misa de los domingos. Al «Muni» no se falla. Se llena y la temperatura va subiendo con el correr de los acontecimientos. ¡Termina siendo una caldera!

Llegan y sienten el olor al chori y a las hamburguesas recién elaboradas. Se enciende la sed de la popu. Se disfruta el olor a perfume de mujer. La gente esta como quiere y como que «no le debe nada a nadie». Algunos rematan el día en El Municipal y descansan «el cuerpito». Otros recién arrancan «la previa», van tomando calor y color hasta quedar en «modo alboroto». Y «arrancan sin que lo pateen» para las trincheras de la noche…

En el Cesar «El Pingo» Blanco se ve al abuelo con el nieto, la señora con su hijo, los muchachos de la vieja guardia tomándose una «licencia» por un rato, descansando de las obligaciones de todos los días. En ese lugar el hincha encuentra el bienestar. Es un refugio en el medio de los despelotes de la diaria.

El fanático de Concordia escucha cumbia, rock y reguetón. También palpitan las peleas que se avecinan. Analizan y pronostican porque son todos técnicos, hinchas, y desde hace muchos años. Sus padres y hasta sus abuelos vieron jugar o pelear a este o aquel. Acá hay mucha historia. Todos conocen «el paño», y alguna que otra leyenda de la vieja y gloriosa historia del deporte doméstico.

Ahora existen estadios en Arabia Saudita o el Japón con pantallas gigantes, casinos, hoteles, restaurantes gourmet, baños de oro, y demás despilfarros. Parece que estás en Las Vegas o en Disneylandia. Son nuevos y galácticos, pero no tienen mucho para contar. ¿De qué van a hablar? De actualidad. Les falta historia. En cambio el Municipal es más humilde y austero. Pero tiene para escribir un libro a la hora de contar anécdotas de viejas campañas y epopeyas. Como se decía siempre: «Si el Municipal hablara…»

LA LEY DEL DEPORTE

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