¿COMO GANARLE POR KO A LAS DROGAS? MIEMBRO DEL CONSEJO MUNICIPAL DE ADICCION DE CONCORDIA (3/5/18)

El sábado 5 de mayo del 2018, El Arte de Volver, la institución que me tuvo de paciente y me tuvo toda la paciencia del mundo me dio el alta terapéutica. El camino para que yo deje la vida enferma fue terriblemente difícil para mí y mi familia. Una verdadera pesadilla. En febrero del año 2015 empezaba mi tratamiento contra mi adicción a las drogas. Consumía muchísimo alcohol, tabaco, comida, y drogas, para anestesiar mi «terrible» malestar. Pesaba 110 kilos y llevaba una vida sin rumbo. Comía sin sentir jamás el gusto a la comida y mucho menos sentir saciedad. Dormía todo el día en mi Rotisería La Cocina del Lobo. Rezando para que no llegue algún cliente a molestar mi «sueño eterno». Estaba muerto en vida.

Las normas de tratamiento me obligaban a dejar de juntarme con «amigos» de consumo que eran los de toda mi vida, me sacaron las redes sociales, celulares, la posibilidad de intimar con una mujer, la libertad de caminar por la calle y hasta de poder estar solo en mi propia casa. Me quería tomar el primer «Lucerito» que salga para Hawái…

En el primer periodo de tratamiento me sentía cumpliendo una sentencia sin haber cometido pecado, sin creer que se puede vivir una vida sana y bien copada. Ahora resultaba yo estaba en la «leonera», preso en una clínica de Chajari, justo yo que «tenía que vivir a cuerpo de rey», y quien era el que siempre «pegaba los gritos»…

El Arte de volver me pedía que hable de mi historia, de mis emociones, de mis pensamientos, y con el corazón a «cielo abierto», me confrontaban, cuestionaban, a quien lo único que conocía era a los «aduladores de turno», a quienes aplaudían mis miserias a cambio de «venenos para el alma». Que te matan vivo y te recontra mienten la salud. No sabía de que me hablaban ni como hacer «eso».

Estaban en la guerra contra las drogas y había que salir de «las trincheras», había que pelear y sin máscaras. Siendo Federico, no «El Lobo Muller». Yo me había puesto una máscara de «Lobo Feroz», que me había acompañado a todos lados del mundo. Comía, dormía, meaba y me re contra drogaba durante semanas con la «mascará» puesta. Hasta que ya nunca más supe quien realmente era. Quien era en realidad Federico. Solo sentía que la vida era horrible y que no valía la pena pelear por ella. Y que sin drogas ya el personaje no funcionaba…

Hablando en el tratamiento, aprendiendo a conocerme, a saber quien yo era y para que estaba en este mundo, me fui haciendo «camino al andar» en mi recuperación. Escuchando, leyendo, haciendo caso, teniendo «honestidad, humildad y esfuerzo», como dice una parte de la filosofía del Arte de Volver.

Me enseñaron de que el que se droga es porque no puede solo. Está tenso, estresado, desbordado por los quilombos externos o internos que se hace uno.  El adicto lo es porque no puede disfrutar de este maravilloso milagro que es nuestro viaje por la vida, sin buscar una «válvula de escape» tóxica a la infelicidad. Y también aprendí, esto corre por mi cuenta, que el adicto es un soberbio que no tiene la humildad de confesar sus pensamientos y emociones tóxicas, su vida miserable, sus traumas del pasado, sus inseguridades, sus odios y sus miedos. Y elige vivir una vida vacía de contenido digno…

Prefiere hacerse el guapo antes que pedir ayuda a los que lo aman y mucho. Y así se lleva puesto muchas vidas al caminar… Les pido que pidan ayuda gurises. Todos necesitamos ayuda de una u otra manera… Nadie pudo solo. Eso no existe…

En el tratamiento, donde tuve dos crisis de Ira en los dos campamentos que hicimos en Cutral Co y en el Lago de Salto Grande, me di cuenta de mis desajustes mentales, de que me enroscaba con pensamientos negativos, de que me ponía pesimista, de que no podía dormir, y que dentro de mí habitaba un «lobo feroz». Al que yo había ayudado a alimentar y por mucho tiempo…

Gracias a mi paso por el tratamiento adelgace como 30 kilos, deje de fumar, de tomar alcohol, de drogarme, de querer «entrarle a una mina como si fuese un bife»… de decir y hacer boludeces todo el santo día a «quien me quiera escuchar»…

Y empecé a competir en el carreras deportivas. Primero con el Acuatlón, luego en el Duatlón, después en Triatlón, y finalmente coroné esta «luna de miel» con la vida sana con un Iron Man 70.3 en Concordia, mi ciudad. Ah, y lo que es muy importante, disfrute de cada segundo de la carrera, que me demando felices e inolvidables cinco horas y treinta y cinco minutos de eterna gloria personal. Y viejo sueño cumplido…

En Agosto del año 2016 debutaba, gracias al aliento de los operadores de la Clínica El Arte de Volver, a ejercer por primera vez en mi vida, mi carrera como Periodista Deportivo. Yo había estudiado y terminado, veinte años atrás, en el Instituto Superior de Ciencias Deportivas de Buenos Aires. Y luego viajado al exterior, a conocer otros «vivires y decires», porque el miedo y la inseguridad que padecí en mis pasantías en la radio, fueron horribles y no los pude tolerar de la mejor manera. Tenía atención dispersa como para hablar a la carrera mientras pensaba, pero no lo sabía…

Como nunca me animaba a ejercer el Periodismo, como no me tenía fe, decía que estaba desactualizado, que no me interesaba, que había perdido el español, que ya estaba re grande, que no me importaba si ganaba, perdía o desaparecía Libertad o Colegiales, dos populares clubes de la ciudad. Había trabajado en laburos ásperos y «feos». Y ya no quería trabajar más de nada. Hasta que empecé un día en una radio de Concordia a realizar mi primera columna de boxeo.

Luego vino una de Deportes, otra de Opinión, más tarde de Información, Gastronómica, etc. Arrancamos con la web La Ley del Boxeo y sentí que podía. Que sabía, que tenía las herramientas como para hacer algo ingenioso, con onda, que tenía que confiar. Empezó el programa La Ley del Deporte, el programa de entrevistas a los referentes deportivos…

El viejo dueño de la radio quería cerrar porque le daba perdida… hasta que me animé, con la ayuda de El Arte de Volver, de mi viejo, de mis auspiciantes, y de los elogios de mis lectores y oyentes a hacerme cargo de la empresa. A conducirla, administrarla, a ser periodista, a ser adulto. A dejar un legado «como la gente». A ser un hombre. A ser humano…

Hay que saber que casi siempre, se los puedo asegurar «gurises», tu peor enemigo está dentro tuyo, en las mentiras que te decís, para luego mentirle a los demás. Tu enemigo sos vos cuando no hablas de tus malas sensaciones, en lo que no estás dispuesto a confiar a los otros. Y para no sentirte un cagón y un pelotudo, un mal día decidís pegarle un «batazo a tu conciencia» con la droga, el alcohol o la timba. Y herir a los que te aconsejan, sugieren y muestran un camino honesto y sano.

Cuando te querés acordar… pasaron quince años. Tus abuelos ya no están, tu vieja se te fue, tu hermano Tomás está muy lejos y tu papá Hugo Muller se está poniendo viejo. Y aquellos que confiaban en vos se llevaron una gran desilusión. Y vos a todo eso lo sabes mejor que nadie… Se acerca el final de esta larga pesadilla. Que por no pedir ayuda en su momento me enfermó y enfermó a tanta gente.

Me animé a afrontar la vida sanamente. A creer en mí. Y a sentir el impagable bienestar que te da saber que, aunque no soy ni seré perfecto, di mi 100 %. Lo demás es puro cuento… Hoy Federico Muller se gradúa de valiente y créanme que es una gran noticia. Aunque los diarios no lo digan ni yo salga en cadena nacional… Para mí es un paso que me llevo mucho tiempo y vergüenza dar. ¡Por miedo al «que dirán»! Hoy ya no le escapamos al miedo… ¡Vamos hacia el rugido del león! No está quedando otra…

FEDERICO MÜLLER (3 de mayo del 2018, hace frío y llueve mucho en Concordia).

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