BOXEADOR SERGIO LEONARDO «PILTRAFA» SÁNCHEZ EN LA LEY DEL DEPORTE (9/8/21)

Hoy en La Ley del Boxeo está el último gran ídolo del boxeo amater. Un boxeador popular, adrenalínico, y muy extrañado. Peleas llenas de acción y drama. Salió de la nada. Pegaba y recibía. Así «enloqueció» a la popu y asombró al ring side. Mucho volumen de ataque. Recortaba el ring e iba a la vieja «ley del reparto». Nunca especulaba. Tiraba de «campana a campana». Pim-pum-pam. Atleta de alta frecuencia y velocidad. Te abrumaba con una capacidad atlética «de locos», de nivel mundial. El flaco daba lo que a la gente le gusta. Pupilo de toda la vida de Victoriano Fernández. Más de ochenta peleas. Perdió solo nueve. Era el preferido del público. Acá esta la receta de su éxito. Vamos a escucharla. Bienvenido al gran Sergio «Piltrafa» Sánchez, el de la gente, a La Ley del Deporte:

«Hola a todos. Muchas gracias por la invitación. Primero que nada le mando saludos a Victoriano Fernández que está escuchando. Mi entrenador de toda la vida, un padre para mí. Si tenía un problema o algo me inquietaba se lo contaba. Aún hoy lo hago. Yo soy del barrio KM 6. Casi llegando a La Bianca, entre Eva Perón y Tavella. Mi viejo en esa época era cosechero y mi mamá pensionada. Tengo dos hermanos y vivíamos en la calle jugando al futbol, peleando. Era de irme a las manos enseguida. Mis hermanos iban a la escuela pero a mí no me gustaba. Quería trabajar para poder ayudar con los gastos… Entonces empecé boxeo, para amansarme».

«Mi vieja no me dejaba salir mucho. Mama siempre nos estaba mirando, debíamos estar a la vista de ella. Íbamos hasta la plaza hasta un horario y otra vez adentro. Nunca nos dejó salir por ahí por todo lo que pasa en la calle. Por eso mismo mi hermano mayor me llevó al gimnasio del profesor Victoriano, para gastar energías y conocer otras cosas».

«Arranque en el gimnasio de Estación Norte con quince años. En ese momento estaba Rako, David, y Leo Jaurena, también «El Kozako» Kralesky. Iba caminando como cinco kilómetros, después corriendo y volvía corriendo. Era rápido, hice 37 minutos en la Maratón de Reyes. Victoriano me decía: «El tiempo que estás libre también corre, que te va a servir». Técnicamente muchos me superaban, compensaba con un gran estado atlético y de no darle respiro a nadie. Yo iba al frente. Era un peleador nato».

«Debuto ganándole a «El Perrito» Vittori. No le di tiempo a nada, le di con todo. Hasta le contaron dos veces. Era un vendaval de manos. El gimnasio abría a las doce y yo ya estaba esperando desde hacía ratos. Cerraba a las cuatro y me quedaba. Era como mi casa. Y a veces entraba el profe de la tarde, Mario Salvaterra, y yo aún instalado. También peleé con «El Pumita» Lescano. Empatamos en mi primera de fondo. El venía del equipo argentino por eso es como que le gané. Perdí con el olímpico Perrín en la final de un Nacional. Fui tres veces campeón entrerriano y una vez sub campeón argentino. Siempre bien preparado en todas las peleas. Me plantaba y no me importaba si era más experimentado, mejor, o más pesado. Por ahí no pensaba. No quería que se caiga ninguna pelea. Quería pelear porque me apasionaba y contaba con esa plata para «tirar».

«La gente me alentaba mucho. Eso me daba fuerza. Gritaban de todo. Yo iba a hacer lo mío. Arrancaba armado, pero enseguida iba para adelante a trenzarme. El profe me decía: «Mijo no vayas tanto al cruce. Pensá. Usá la cabeza, vos sos más largo. Estás muy bien entrenado». No había caso, los perseguía a todos. Por eso no llegué mucho más como profesional. Tiraba todo el tiempo a fondo. No tenía mucha pegada, pero por entrenamiento y actividad te superaba. Mi mandíbula venía aguantando muy bien hasta que en profesionales ya me costó porque eran guantes más chicos, te sacan el cabezal, pegan más fuerte. Y por mi manera callejera de pelear».

«Los gimnasios siempre se llenaban. No había lugar. Yo peleaba en las de fondo. Conocía a treinta personas de mi barrio, sí. Cuando me decían Sergio sabía que eran los íntimos. Pero en general no tenía ni idea. Eran de distintos barrios. Gente que me iba a ver porque les gustaba mi estilo frontal, de ir siempre para adelante, y dar espectáculo. No especulaba».

«Como profesional perdí las últimas dos por KO. Tomé una pausa y me dieron una propuesta de trabajo en el Sindicato de Panaderos. Mi jefe era Héctor Medina, yo era amigo de «Pico». Hablé con mi familia y el profe y se decidió dejar el boxeo y trabajar. Después me independicé. Trabajo en forestación. Cuidamos, cortamos, vendemos, y compramos madera. Me encargo de la gente, traslado, pago, cobro, les hago los contratos».

«Vivo con mi familia. Mi mujer, mi hijo Martín que tiene 2 años, y Guadalupe de 4. En el Barrio Golf, en calle Las Palmeras y Tala. Yo quería trabajar hasta en mis días libres. Tanto es así que saltaba el cerco de un vivero para poder hacer algo. Hoy trabajo todo el día. En Puerto Yerua, Inta, Estancia Grande, Autódromo, Federación. Siempre a full».

«La gente me para en la calle y me pregunta como ando, cuando vuelvo, ídolo, capo, ja, ja, ja. Entreno a veces, salgo a correr, pero solo porque me gusta y para sentirme bien. Las palabras del gimnasio me enseñaron para toda la vida. Que debes hacer, que no te conviene, te aconsejo esto, mirá que a este le sucedió aquello… Y en confiar en alguien, a tener sueños, y en siempre dar lo mejor».

«Una vez la pelea estaba tremenda, imaginate que el referí se paró y empezó a incitar a la gente para que los aplauda», contó un amigo. Eso no se ve nunca. «En declaraciones a la revista Ring Side, el técnico de la selección argentina, el cubano Servelio Fuentes declaró: «En Entre Ríos hay un chico que empieza tirando y se va tirando. Lo vamos a convocar», me confió otro dirigente. La receta de él era el entrenamiento para aprovechar sus genética. Vivir en un ambiente deportivo. «Piltrafa» es una persona sana, sacrificada, y creíble. Que debería inspirar a los jóvenes a seguir sus pasos. Gracias «Piltrafa» por tu breve pero inolvidable paso por el boxeo. Dejaste un gran recuerdo. ¡Volvé una noche más!

LA LEY DEL BOXEO (MATRIX 94.9)

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